Entre puntadas se teje en la Perla del Norte, el nacimiento de nuevos talentos, quienes han descubierto en el diseño de moda el camino para transmitir su pasión, no es de ensueño esta profesión, por el contrario en esta hermosa ciudad fronteriza la realidad los obliga a ir contra corriente, a abrirse paso como quien camina entre maleza, para ellos la moda no son luces ni alfombras rojas, es el retazo de tela que consiguieron con esfuerzo, a pesar de las dificultades ellos buscan crear belleza, aunque el hilo y la tela estén caros y hayan puertas que no se abren, estos Jóvenes no se detienen, diseñan para sanar, para decir quiénes son y para demostrar que en Norte de Santander la resiliencia tiene forma de costura.
Sin embargo, esa costura no nace de la nada; surge en el silencio de los talleres y en la intensidad de las aulas, donde la vocación se pone a prueba todos los días frente a un mercado que a veces parece valorar más lo importado que lo propio.
Hoy muchos jóvenes diseñadores empiezan a trazar su propio rumbo sobre un mapa donde cada parada es una enseñanza nueva en sus vidas, enfrentado crisis económicas que aprietan los bolsillos, el peso de una industria que es muy competitiva y una costura mal hecha es un castigo severo para sí mismo, pero han decidido que su destino no es ser solo espectadores, sino los nuevos arquitectos de la moda colombiana.
diseñadores de modas que cruzaron fronteras
Eduardo Astra es un joven diseñador Cucuteño de 23 años, pero cuando habla, se siente el peso de alguien que ha tenido que madurar a punta de tijeras y trasnochos. Hoy, su nombre brilla en las bandas de las misses y en los talleres de Mario Hernández, donde trabaja como diseñador Junior en Bogotá. Pero hace no mucho, el brillo más cercano que tenía era el de las bolsas de crispetas que vendía en los pasillos de la Fundación de Estudios Superiores Comfanorte (FESC), para costearse los pasajes; "Había que rebuscarse de algún lado" confiesa con una naturalidad que desarma. No lo cuenta con pena, sino con el orgullo del que sabe que cada bolsa vendida se transformaba, moneda a moneda, en el metro de tela de alta calidad que su nivel de exigencia le impedía negociar.
Esa misma exigencia fue la que lo llevó a enfrentarse a la carrera en plena pandemia, una etapa que recuerda como un reto monumental donde el aprendizaje del patronaje se volvió casi nulo a través de una pantalla. Mientras muchos se detenían, él aprovechó que ya no lo veían como un estudiante más, sino como "el estudiante ejemplar" tras su paso vistiendo a Miss Universe Colombia, lo que lo obligó a aprender por cuenta propia para cumplir con las altas expectativas que los docentes habían puesto sobre él.
Su gran prueba de fuego llegó a los 19 años cuando fue unos de los 24 seleccionados en un concurso de trajes para vestir a una Miss Universe Colombia. Cuando llegó a Bogotá, la tensión y los nervios se le escapaban por los poros, y con un vestido que pesaba 20 kilos para su primera aparición en televisión nacional. Pero una historia de éxito tiene momentos de crisis: a las dos de la mañana, solo en una ciudad que le resultaba inmensa y con los nervios comiéndole el estómago, el cierre del vestido se rompió. No había cámaras ni aplausos, sólo un joven sudando frío, remendando a mano lo que parecía el fin de su sueño. Esa madrugada entendió que la moda no es solo el flash de la foto, sino la capacidad técnica de resolver bajo presión.
Hoy, desde su posición en una de las casas de cuero más importantes del país, Eduardo mira hacia atrás y reconoce un cambio abismal en su proceso creativo. "Cuando uno empieza, diseña sin imaginar cómo va a materializar eso" explica. Ahora, su diseño es consciente, meticuloso e investigado, enfocado en que cada prenda no sea solo un dibujo, sino un producto que el mercado verdaderamente desee. Ha aprendido que el glamur es solo la punta del iceberg de un proceso que involucra desde el mercadeo hasta el desarrollo artesanal y técnico detrás de cada pieza.
Esa evolución se nota en su marca, Eduardo Astra, donde el nombre no es solo un sello, sino una filosofía de "yo quiero que las personas que utilicen mi marca exterioricen ese brillo que tienen adentro". Su objetivo es que quien use una prenda suya sea imposible de ignorar, sintiéndose poderoso y elevado, "cada persona que utilice una prenda mía sea ese punto focal, ese centro de atención al entrar a un evento"comenta, subrayando que su identidad busca que una prenda suya sea reconocida a un kilómetro de distancia sin necesidad de mirar la etiqueta.
Sobre el futuro de la moda en su tierra natal, Eduardo es crítico pero esperanzador. Considera que Cúcuta tiene el potencial, la creatividad y el talento, pero que el verdadero obstáculo es la mentalidad de dejar barato para que les compren. " El cucuteño tiene que creerse que si es capaz y que lo de Cúcuta vale" afirma con contundencia. Le duele ver cómo empresarios prefieren vender jeans de 50 mil pesos en lugar de invertir en un buen fotógrafo o una modelo que eleve la percepción del cliente. Para él, la moda independiente en la región solo avanzará cuando se deje de regalar el trabajo por favores y se empiece a nutrir el ojo con profesionalismo.
Su mensaje para los que vienen detrás es una lección de pura resiliencia. Eduardo no llegó a Bogotá porque lo llamaran por ser talentoso; llegó porque tocó puertas, rompió paredes y se presentó dos veces al premio de Mario Hernández hasta que alguien revisó su proyecto y vio su valor. "Yo no soy creyente del 'no se puede', soy creyente de buscar de qué manera voy a hacer que se logre" concluye. Para el joven que vendía crispetas y hoy diseña para el país, la moda es, ante todo, una cuestión de insistir, persistir y nunca dejar que él "no" sea la última palabra.
La realidad del diseño de moda no es sacada de una película, Christian Colorado, un diseñador de talla internacional que ha enfrentado retos significativos en su carrera habla de cómo en Colombia parece ser un tanto más complejo, “en Colombia todos se mueven como por rosca... afuera se mueve más por talento” afirma, al comparar su experiencia dentro y fuera del país.
Pese al panorama, Colorado no se centra en los obstáculos, reconoce que las dificultades existen en todas partes y que no es imposible lograr lo que se sueña, sus técnicas de manifestación no se basan en solo pedir, “Yo manifiesto trabajando todos los días”, asegura, destacando que el éxito requiere esfuerzo y dedicación, para explicarlo utiliza la metáfora de quien pide a Dios cosechas de manzanas, sin jamás haber plantado un árbol, lo que traduce en su industria a querer cosas grandes sin haber trabajado en lo pequeño y continuo.
En este proceso, resalta la importancia de construir paso a paso, está en contra de la inmediatez, lo cual dice que es uno de los errores más comunes de los jóvenes diseñadores en sus inicios: querer todo para ya. Por su parte admite que no tiene afán, tiene muy claro que nació para esto y quiere disfrutarse cada tramo del camino.
Filosofía que refleja en su forma de trabajar, no comparte la idea de comprar los implementos a la ligera, es más de adentrarse en la fábrica de telas a sentir las texturas, ver colores, botones y cierres; esta cercanía con el proceso creativo se complementa con su facilidad para conectar con otros, ya que es una persona genuina, apasionada y que cree en lo que hace.
Aunque su residencia actualmente está en Dubái, su corazón está en Colombia, y lo ha demostrado en sus creaciones e inclusive en la música que a veces acompaña sus desfiles, manteniéndose fiel a su historia.
Colorado egresado del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), es sinónimo de resiliencia, ha construido su marca durante más de 10 años, abrió camino a otros diseñadores con proyectos como lo es The Bosa York Dream, con el cual logró financiar su primera participación en la Semana de la Moda en París, escenario por el cual actualmente, ya ha pasado más de 10 veces.
Su mensaje es claro, no hay que dejar de luchar por los sueños, trabajar duro y defender con voluntad lo que se quiere, afirma que es fundamental tener una idea propia de éxito, para saber a dónde se quiere llegar.
Antes de que cada prenda llegue a una pasarela o armario, hay un proceso que suele pasar desapercibido, es la formación, y es que en las aulas es donde ocurre la magia, donde de la mano de maestros los alumnos comprenden que moda no es sólo inspiración, sino disciplina, técnica y constancia.
Para muchos este camino es claro desde el inicio, “sentí que lo mío siempre fue estudiar algo relacionado con la moda” afirma Mariana Trigos, joven estudiante de Diseño de Modas en La Fundación de Estudios Superiores Comfanorte (FESC) quien desde niña sintió una fuerte conexión con este mundo.
Para otros el camino no es tan lineal, como es el caso de Yulieth Matayana, también estudiante de la FESC, quien por temas económicos entre otros, debió estudiar administración de empresas, pero años después retomo a su pasión, la cual siempre tuvo claro que es la moda, a pesar de que no creció con su padre, este se dedicaba a la sastrería “esa parte del arte, va en las venas” afirma.
En este proceso ha afirmado que “el que tiene un arte no se muere de hambre” lema de vida que aprendió de su abuela, con esta fuerte
convicción, Matayana ha construido su marca para el público infantil, una mujer con inspiración y olfato para las oportunidades en el mercado, como lo demostró con el lanzamiento de Bambini Boutique al haber detectado la falta de oferta en alguna ropa para niños.
Detrás de cada uno de estos diseñadores hay un proceso formativo que es el puente entre el sueño y la materialización del mismo, Alfonso Guerrero, docente del área de confección de jean en la FESC, comparte que el proceso inicia con trazos, medidas, bocetos y el desarrollo del modelo a trabajar, enfatiza en que es importante comprender cada etapa del proceso.
Para Guerrero, lo más importante que debe tener un diseñador es actitud, ganas de aprender, de progresar y encontrar oportunidades.
Este oficio no se limita a solo a aprender, coser y diseñar, se trata también de entender el contexto, las tendencias y adaptarse a un entorno cambiante, indica, Janeth López, directora de los programas de Diseño de Modas en la FESC, quien ha sido testigo de la evolución generacional en casi 2 décadas de experiencia como docente.
A medida que los alumnos avanzan en su formación, deben enfrentarse a decisiones complejas, como definir en cuál de las tantas ramas que ofrece la moda desean centrarse, ya que es un campo amplio desde la confección hasta la alta moda, pasando por línea infantil, deportiva, empresarial… Son muchas las oportunidades, pero enfocarse bien en una línea permite marcar la diferencia entre un negocio de moda que avanza y uno que se diluye, sostiene la decana.
Además, aparece un reto que se repite tanto en el aula como en la industria, entender la moda no solo como arte, sino como negocio. “Usted puede ser un artista y puede hacer algo espectacular, pero ¿Si no lo sabe vender?” advierte López, señalando uno de los errores más comunes.
En este camino lo que se construye es una identidad, una forma de ver el mundo y transformarlo. Lopez señala que un diseñador debe tener paciencia, creatividad e innovación, que en cada puntada se aprende a persistir, adaptarse y creer en una idea propia, incluso cuando aún esta no tiene forma, pero ya existe en la mente de sus creadores.
Del taller a la vitrina
En Sardinata, municipio de la Región del Catatumbo históricamente marcado por la violencia y asociado más al temor que a las oportunidades, Kelly Gómez, egresada de la FESC, decidió construir desde el diseño, desde su pasión y resignificar la percepción de su territorio, es así como nace Gomsua Kids Team, mostrando que desde la moda también se puede resistir, reconstruir y transformar socialmente.
Su proceso no ha sido nada fácil. La maternidad, crisis económicas, depresión posparto, un accidente que casi le cuesta la vida y un divorcio, han sido momentos emocionalmente devastadores, que le llevaron a hacer pausas, pero su fuerza y resiliencia no le permitió quedarse ahí, emprender no es fácil, confiesa que en medio del caos la costura se convirtió en la forma de salir adelante, no solo económicamente, sino también emocionalmente, asegura que cada prenda nace de una experiencia personal y no desde una producción en serie.
En su empresa apuesta por prendas exclusivas, “yo no hago dos veces la misma prenda” afirma, quien rechaza la confesión masiva y cuestiona los estándares tradicionales de la moda, incluso decidió eliminar las tallas en sus diseños, considera que cada cuerpo es diferente y no debe limitarse a un número.
Kelly trabaja no solo por ella, sino que busca dejar huella positiva en su municipio. Trabaja en fortalecer su taller y generar oportunidades para otras mujeres madres cabeza de hogar. Agradece profundamente al Fondo Emprender del SENA, con el que pudo materializar su sueño, adquirir maquinaria y consolidar legalmente su empresa. Hoy es referente en el territorio al ser la primera empresa de diseño de modas constituida legalmente en Sardinata.
Su historia evidencia que la moda en Norte de Santander no nace únicamente de las tendencias, sino de experiencias de vida atravesadas desde la lucha personal, la disciplina y el deseo de construir un futuro diferente. En medio de un territorio golpeado por la violencia, Kelly Gómez demuestra que es posible, crear, emprender y florecer.
De igual manera Yulieth Matayana, estudiante de la FESC comenzó con un almacén de lencería para bebes y terminó creando a Bambini Boutique, gracias a que encontró una necesidad que pocas marcas estaban cubriendo en Cúcuta; vestidos infantiles para fiestas.
Actualmente comercializa sus diseños solo en redes, “el que no está en redes, no está en el mercado” afirma, haciendo hincapié en que son una herramienta fundamental para visibilizar su marca y conectar con potenciales clientes.
Destaca que su paso por la FESC le ha permitido mostrar sus productos en varios eventos, como Cutex, la pasarela en Nestor Iván, el American FESC, espacios de exhibición que permiten el fortalecimiento de marca y la proyección en la región.
Considera que un diseñador debe ser muy observador, ver una prenda y pensar cómo podría hacerla, “para nosotros como diseñadores siempre la mente está trabajando” explica, asegurando que constantemente observa telas, cortes y estructuras para imaginar nuevas posibilidades de creación.
Su emprendimiento representa la manera en que los jóvenes diseñadores de Norte de Santander buscan abrirse camino en una industria competitiva, apostando a la innovación, la creatividad y al uso de herramientas digitales para posicionar sus marcas.
Según un artículo de la Cámara de Comercio de Cúcuta, publicado el pasado 10 de octubre de 2025 del Clúster moda, que es una iniciativa de competitividad, impulsada por empresarios del sector textil y demás, en donde se evidencia que la moda es uno de los sectores económicos y sociales con mayor impacto en Norte de Santander, esta industria reúne actualmente alrededor de 1.000 empresas, de las cuales 800 se encuentran activas dentro de Clúster, generando aproximadamente 35.000 empleos en la región. Demostrando que la moda no solo representa creatividad y diseño, sino que también es el sustento y la posibilidad de desarrollo económico de muchos hogares nortesantandereanos.
Cada fotografía es testimonio de como los jóvenes pueden transformar la región desde el diseño. /foto tomada por Kehiry Laserna Est. de C. S.
La visión es que para el año 2030 las empresas del Clúster Moda serán reconocidas a nivel nacional por su propuesta diferencial de su ADN en marca con identidad, omnicanalidad e internacionalización, respondiendo a tendencias globales y a las necesidades de los consumidores. Durante 2025 se desarrollaron actividades relacionadas con sostenibilidad y economía circular, como colecciones ecosostenibles apoyadas por el SENA y la FESC, la participación en ferias regionales y campañas de reutilización de prendas y calzado para el beneficio de la población vulnerable.
También se celebró la tercera versión de Vibra con la Moda, un espacio donde se apoyó a 25 microempresas del sector, además se apoyó misiones internacionales de China, México y Colombia respectivamente en el espacio de Colombiamoda, Colombiatex y Createx. Del mismo modo se trabaja en la creación de la escuela Costura Maestra con Asodimoda, buscando capacitar en mano de obra especializada y fortalecer la competitividad de las marcas regionales que buscan internacionalizarse.
Todo este panorama demuestra que la moda en Norte de Santander se consolida como una industria que va más allá de las pasarelas, transformándose en un motor de emprendimiento, identidad regional y cambio social.
GALERIA FOTOGRAFICA
HORA DEL ENTRETENIMIENTO
cartilla de teorías de la comunicación
En Cúcuta, diseñar es una forma de resistir. Una apuesta constante por salir adelante en medio de un contexto que no siempre facilita el camino, desde quienes apenas empiezan en su vocación hasta quienes ya tienen un recorrido en escenarios nacionales e internacionales. Todos comparten algo en común. La convicción de que el talento necesita más que inspiración para crecer. Se necesitan oportunidades, formación, visibilidad y respaldo.
En territorios como Norte de Santander, donde muchas veces el ambiente es un poco más complejo, emprender es también un acto de valentía. Cada prenda cuenta una historia que merece ser vista, valorada y apoyada.
El futuro de la moda local no depende sólo de los diseñadores sino también de los consumidores, se debe apostar a lo hecho en casa, valorar el trabajo creativo y apoyar los emprendimientos de diseñadores locales. No es sólo una decisión de compra. Es una forma de impulsar una industria que tiene potencial de crecer desde sus raíces.
En Cúcuta hay una generación que no está esperando a que le abran la puerta, está aprendiendo a diseñarla, cocerla y abrirla por sí mismo.